El espectáculo se desarrolla a ambos lados de un cristal, un cristal cotidiano convertido en pantalla a través del cual la vida se transforma en imágenes. La pieza está llena de pantallas: Un cristal, un ordenador, móviles… superficies que reflejan realidades reales y realidades ficticias. Y además la pantalla imaginaria a través de la cual el público vive el espectáculo, sutil espacio metafórico en el que se unen sus miradas y nuestras acciones.
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